—O a una apuesta para no dejar de imaginar —respondió Alma—. Vamos, probémoslo.
Se sentaron. No necesitaron abrirlo; bastó con sostenerlo entre ambos para recordar la lista de pequeñas ceremonias que habÃan determinado su manera de volver uno al otro sin poseer. Cuando la dueña de la cafeterÃa pasó a tomar pedidos, ella les preguntó si querÃan quedarse un rato y ellos dijeron que sÃ. piensa infinito para 2 singapur pdf
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