Leo pensó por un momento. "Busco una historia que me lleve lejos de aquí", respondió. "Una historia que me haga olvidar el tiempo y me permita volar".
Cuando Leo cerró el libro, se encontró de nuevo en la Biblioteca de la Medianoche. La puerta se había cerrado, y Ariadne lo esperaba sonriendo.
La bibliotecaria, una mujer de cabello blanco y ojos que brillaban como estrellas, esperaba a los lectores en la entrada. Su nombre era Ariadne, y era la guardiana de los secretos y las historias que contenían los libros.
Leo asintió, todavía con la mente en el mundo que había visitado. "Sí", respondió. "Me encantó".